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El secretario de Defensa estadounidense, Jim Mattis, llegó a Afganistán el lunes en una visita sorpresa, confirmó un funcionario de Defensa estadounidense, horas después de que su homólogo afgano dimitiera a raíz de un mortífero ataque de los talibanes contra una base militar.

En su primera visita a Afganistán como jefe del Pentágono, Mattis preveía reunirse con las autoridades afganas, incluyendo al presidente Ashraf Ghani, menos de dos semanas después de que Estados Unidos disparara la bomba más potente de su arsenal convencional contra posiciones del grupo yihadista Estado Islámico en el este del país. 

Su visita coincide con las dimisiones del ministro de Defensa, Abdullah Habibi, y del Estado Mayor del ejército, el general Qadam Shah Shahim.

Las renuncias, comunicadas en un breve texto del palacio presidencial, se produjeron tras la lluvia de críticas contra el gobierno a raíz del asalto de los talibanes contra una base militar cercana a la ciudad de Mazar-e-Sharif el viernes. 

Diez hombres de uniforme y fuertemente armados entraron en la base en tanques y abrieron fuego contra los soldados, reunidos en la mezquita o el refectorio, desarmados. 

Se cree que es el ataque más mortífero jamás perpetrado por los talibanes contra una base militar.

Sigue sin conocerse el balance preciso de muertos en el asalto, pero oscilaría entre los 130 y los 160 fallecidos según balances no oficiales pero concordantes. Las autoridades apuntaron que habría habido "más de cien muertos y heridos". 

El ataque subraya el fortalecimiento de los talibanes, más de 15 años después de que fueran expulsados del poder, y se enmarca en su tradicional ofensiva de primavera. 

La visita de Mattis también tiene lugar días después de que Washington lanzara una GBU-43/B, conocida como "la madre de todas las bombas", para destruir varias posiciones del grupo EI en la provincia de Nangarhar (este). Casi 100 yihadistas perdieron la vida, según balances de responsables afganos, no contrastados. 

- Fuerzas afganas en el punto de mira -

Mattis, que sirvió en Afganistán, afirmó que está evaluando la situación del conflicto en Afganistán para el presidente, Donald Trump. 

La guerra en Afganistán es la más larga de la historia de Estados Unidos pero Trump apenas la ha mencionado de pasada, más allá de decir que el lanzamiento de la GBU-43/B fue un éxito, ni en campaña ni desde que asumió el cargo. 

Mattis aseguró en febrero que su comandante en Jefe se había mostrado "legítimamente reticente" a hablar sobre la cuestión, a la espera de recibir informaciones de sus generales. 

Su visita estuvo precedida por la del consejero estadounidense para la seguridad nacional, el general H.R. McMaster, el primer responsable de la administración Trump que ha visitado Kabul, el 16 de abril. 

Estados Unidos tiene a 8.400 soldados en el país quienes, junto a otros 5.000 de sus aliados de la OTAN, asisten a las fuerzas afganas en la guerra contra los talibanes y otros militantes yihadistas.

Las fuerzas de seguridad armadas, golpeadas por las matanzas y las detenciones, han sufrido múltiples ataques de los insurgentes desde que las fuerzas de la OTAN, lideradas por Estados Unidos, pusieran fin a su misión de combate en diciembre de 2014.

Según el Sigar, el órgano que evalúa la acción estadounidense en Afganistán, 6.800 soldados y policías afganos murieron en 2016, un 35% más que el año anterior.

Más de un tercio del territorio de Afganistán escapa al control del gobierno, mientras que varios grupos insurgentes se disputan numerosas regiones y los repetidos intentos de Kabul de lanzar negociaciones de paz con los talibanes han terminado en fracaso.