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La comunidad de Ortega en Santa Cruz de Guanacaste, está dispuesta a modificar su tradición pero no a perderla.

Así reaccionan tras la muerte del cocodrilo capturado el Viernes Santo.

El animal tenía el hocico amarrado, vomitó y se ahogó.

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Por eso doña Milena se encadenó al edificio del Ministerio de Ambiente: exige que se prohíba la "lagarteada".

También lo hacen otras 35 organizaciones de defensa animal.

La Sala Constitucional avaló la práctica por su "valor cultural", pero las autoridades confían en que la del viernes fue la última lagarteada.

El Sinac espera involucrar a la comunidad de Ortega en la decisión que procure el bienestar animal.