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Tras la milagrosa remontada ante el París Saint-Germain, el Barça pareció quedarse sin poción mágica: la derrota 3-0 ante la Juventus del martes lo devolvió a la realidad y evidenció los límites de un equipo exhausto en Liga de Campeones.

Una defensa débil

Como en París en la ida de octavos de final (4-0), la defensa catalana hizo aguas el martes en el primer partido de cuartos en Turín, dejando demasiada libertad a los delanteros rivales, sobre todo al argentino Paulo Dybala, consagrado con un doblete.

"Ha sido la tercera parte del partido de París. Que eso nos suceda de nuevo, deja mucho que desear", lamentó Luis Enrique, reconociendo haber "revivido una pesadilla".

Su defensa no estuvo al nivel de un equipo candidato a llevarse el título europeo, con una falta general de compromiso y dos laterales, Jérémy Mathieu y Sergi Roberto, sufriendo mucho.

"El posicionamiento con balón es mi responsabilidad. Pero sin balón la intensidad debe ser otra, mucho mayor", criticó Luis Enrique, que abandonará el club a final de temporada.

El equipo no pareció haber tomado nota de las lecciones de París y los efectos fueron los mismos: una derrota contundente que obliga a los catalanes a una nueva remontada tras el histórico pase obtenido en la vuelta de octavos ante el PSG (6-1).

Incluso la prensa de Barcelona se muestra escéptica sobre un segundo milagro. "Crucificados", titulaba el periódico Sport. "Estrepitosa derrota", señalaba Mundo Deportivo, destacando el sombrío diagnóstico de Luis Enrique: "muy triste, muy grave".

Sin chispa en ataque

Contra el PSG en el Camp Nou, el Barça sacó su potencial ofensivo para conseguir lo inimaginable: remontar cuatro goles.

Pero tanto contra el Málaga el sábado en Liga (derrota 2-0) como el martes en Turín, el tridente Messi-Suárez-Neymar no estuvo a la altura.

Entregados al talento de los tres suramericanos, la dirección deportiva del Barça no ha sido capaz de encontrar alternativas válidas a la "MSN". Irreemplazables, juegan casi todos los partidos y el cansancio se acumula.

La escasa puntería hizo el resto, como cuando Andrés Iniesta erró un uno contra uno ante el veterano portero Gianluigi Buffon.

"Cuando no haces las cosas bien, esto pasa", lamentó el capitán azulgrana. "Hemos vuelto a cometer errores que en esta competición se pagan caros. Nos duele".

Improbable repetir el milagro

¿Si la remontada ante el París SG era inimaginable, cómo pensar en un segundo milagro un mes después? Además, ante un rival que ya viene advertido y que presume de la mejor defensa de la competición con sólo dos goles encajados.

"El resultado final, 3-0, parece un muro más alto que el 4-0 de París, porque es la Juve", opinaba en su columna de opinión Alfredo Relaño, director del diario deportivo madrileño As.

Si el estupor se apoderó de los azulgranas en el Parque de los Príncipes, la resignación reinaba en los pasillos del Juventus Stadium. Esta vez, el Barça sólo dispone de una semana para resarcirse y no tres como en octavos.

"Hoy me cuesta más creer" en la remontada, dijo Luis Enrique.

"Volvemos a tener una eliminatoria muy cuesta arriba (...) A día de hoy es difícil visualizar la remontada", coincidió Iniesta.

Por orgullo, el Barça debería intentarlo todo el próximo miércoles en el Camp Nou. Pero Luis Enrique también podría preferir concentrarse en el Clásico contra el Real Madrid de cuatro días después, el 23 de abril, decisivo para la Liga.

En esa semana, el técnico se juega la suerte de su última temporada.

Si queda eliminado de Europa y pierde en Madrid, quemando casi todas sus opciones de luchar por la Liga, sólo le quedaría la final de la Copa del Rey ante el Alavés para salvar los muebles antes de marchar, dejando paso a una dolorosa pero necesaria reconstrucción.