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España y Brasil disputan final de Confederaciones con protestas fuera del Maracaná

Los manifestantes llaman en las redes sociales a congregarse pacíficamente cerca del estadio a las 10h00

AFP Agencia Hace 6/30/2013 7:37:00 AM

RÍO DE JANEIRO, 30 junio 2013 (AFP) - España y Brasil disputan este domingo en Rio la final de la Copa Confederaciones en el legendario estadio Maracaná, en cuyo entorno está convocada una masiva protesta que muchos temen acabe en enfrentamientos con la policía.

Los manifestantes llaman en las redes sociales a congregarse pacíficamente cerca del estadio a las 10h00 (13h00 GMT), nueve horas antes del partido y antes de que 11.000 policías -6.000 policías militares, más integrantes de la Fuerza Nacional, la policía federal y civil y la guardia municipal- cierren el perímetro de seguridad de 3 km en torno al Maracaná.

La policía invitó a jerarcas de la Orden de Abogados de Brasil (OAB) y a la fiscalía federal y estatal a vigilar el esquema de seguridad.

"Mañana será el gran día. Podremos ver el verdadero alcance de las manifestaciones", decía en la noche del domingo un internauta en la página Facebook de Anonymous Rio, uno de los impulsores de las protestas que sacuden el país hace más de dos semanas.

Decenas de internautas llamaban a superar el miedo a eventuales enfrentamientos con la policía y a protestar en paz.

La presidenta Dilma Rousseff, que fue abucheada en el juego de apertura de la Confederaciones el 15 de junio en Brasilia, junto al presidente de la FIFA Joseph Blatter, no tiene previsto asistir a la final, que será vista por unas 78.000 personas en clima de fiesta.

Más de un millón de brasileños se volcaron a las calles de todo el país el 20 de junio en las mayores manifestaciones en dos décadas, indignados frente al alza del precio del transporte público, la corrupción de la clase política y los gastos millonarios en la Copa Confederaciones y el Mundial 2014, en vez de en salud y educación.

La mayor protesta tuvo lugar en Rio, donde se congregaron pacíficamente unas 300.000 personas. Al final, como ha sucedido en varias movilizaciones, un pequeño grupo se enfrentó con la policía y protagonizó saqueos y destrozó mobiliario y edificios públicos, con un saldo de decenas de heridos.

Popularidad en baja

La popularidad del gobierno de Rousseff alcanzó un récord de 65% en marzo. En la primera semana de junio cayó ocho puntos, a 57%. Y tras las protestas callejeras apoyadas por más de 80% de la población, se derrumbó a 30%, según un sondeo de Datafolha divulgado el sábado.

La presidenta se mantiene favorita para las elecciones presidenciales de octubre de 2014, pero tendría que enfrentar un segundo turno.

La rebaja de 27 puntos es la mayor para un presidente en ejercicio desde 1990, cuando Fernando Collor de Mello ordenó una retención de los ahorros de los brasileños, señaló el diario Folha de Sao Paulo, que divulgó la encuesta.

"Esto debilita aun más a la presidenta, porque refuerza la presión de los aliados y también de la oposición, que aspirará a sacar provecho. Es el peor escenario posible (...) Dilma ya no es la presidenta fuerte de hace unos meses", dijo a la AFP el analista político André César, de la consultora Prospectiva en Brasilia.

La presidenta reaccionó con "tranquilidad" y se propone trabajar más para responder a las demandas de las calles, afirmó el ministro de Comunicaciones, Paulo Bernardo.

Rousseff lanzó la semana pasada un plan para convocar a un plebiscito que lleve a una reforma política, presentada como un antídoto a las malas prácticas políticas y la corrupción, y que adoptaría nuevas reglas para la financiación de campañas electorales, y del sistema de votación.

El Parlamento, a su vez, aprobó esta semana un paquete de medidas en respuesta a las protestas, como destinar las regalías del petróleo a educación y salud, incentivos para reducir el precio del transporte y el aumento de penas por corrupción.

Las centrales sindicales ya anunciaron una jornada de movilización para el próximo 11 de julio.

Pese a los disturbios, Blatter ha asegurado que la Confederaciones ha sido una prueba "exitosa" y reiteró que no hay un "plan B" para organizar el torneo de 2014 en otro país.

Las protestas continuaron el sábado, con menor intensidad. La mayor marcha fue de los evangélicos: unos 800.000 fieles según la policía, unos dos millones según los organizadores, se reunieron en Sao Paulo en la anual "Fiesta para Jesús", en una muestra de la fuerza de este credo que avanza en el país.