Última Hora

Había una vez, un señor llamado Irwin Allen que, básicamente, se pelea el título del papá de la ciencia ficción en televisión. Si bien Gene Rodeberry la pegó más con Viaje a las Estrellas, Allen tuvo un cuarteto de joyas. Ya hemos visto tres en Retrovisión: Perdidos en el Espacio, El túnel del tiempo y Viaje al Fondo del Mar.

Además produjo las recordadas películas de desastre: Infierno en la Torre y la Aventura del Poseidón.

Ahora recordamos: Tierra de Gigantes. Es una historia que acontece en el futuro; el futuro, claro, era el año de 1983 y ya existían vuelos suborbitales como los que aún estamos esperando.

Uno de estos vuelos, entre Los Ángeles y Londres, es atrapado por una tormenta eléctrica y es transportado a un mundo similar a la Tierra, en la que todo es igual, pero doce veces más grande que en nuestro mundo.

Estas proporciones, parecen calzar con las del libro “Las Aventuras de Gulliver”, en el que está basada, muy ligeramente, la teleserie.

Esta fijó un récord para la época. En 1968, producirla costaba un cuarto de millón de dólares por episodio. También exigía mucho de sus actores, pues estos debían hacer sus propias acrobacias y permanecer en buen estado físico.

Algo que no le hizo bien a la serie, fue que los capítulos salieron al aire en desorden, y no como habían sido producidos, por lo que la audiencia a veces quedaba desconcertada.

Otro punto negativo según la crítica, es que la dinámica de los personajes era muy similar a la de los de Perdidos en el Espacio. Principalmente, la del clásico traidor y el niño, muy parecida a la del Dr. Smith y Will Robinson.

Lamentamos informar, que al final de la serie, los protagonistas no regresan a casa. Justo cuando logran la tecnología para reparar su nave, el capitán descubre que los gigantes podrían aprovecharla para invadir la tierra y decide destruir el equipo, aunque eso signifique que él y el resto del grupo se queden para siempre, atrapados en la tierra de gigantes, que hoy recordamos en Retrovisión de Buen Día.