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El 7 de setiembre de 1997, un grupo de estudiantes se organizó para limpiar su comunidad y evitar el contagio del dengue, a pesar del positivo objetivo que tenía, una vagoneta opacó el trabajo de los estudiantes.

Así recuerda Lidia Campos a su hijo Adalberto, uno de los tres niños que falleció en trágico accidente que cambió su vida.

“Él no quería que nadie muriera por culpa del dengue, y falleció por evitarlo”, cuenta esta madre.

Ese día, ella se sintió tal como si estuviera en un sueño del que no podía despertar.

Ahora, 15 años después, ella da su testimonio para revelar que a pesar de largo proceso de recuperación de un momento tan difícil, sí se puede superar.

Para doña Lidia, la clave ha estado en la fortaleza espiritual, y en encontrar en Dios esa mano que le puede ayudar a levantarse.

Ella sirve de ejemplo para saber que a pesar del golpe tan duro que recibió, lo pudo superar y ahora es cosa del pasado.