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Este miércoles en lluvia de ideas, le damos un ejemplo de que si se piensa en grande, se logran grandes cosas.

Muchas personas tienen la creencia de que en un país pequeño como Costa Rica, sólo se pueden hacer cosas pequeñas.

Cada vez hay más ticos dispuestos a echar ese mito a la basura, y a base de trabajo y esfuerzo, han logrado desarrollar actividades productivas a grandes escalas.

Este es el caso de la familia Arce, y su cultivo de champiñones.

Comenzaron en la actividad del cultivo de hongos hace más de 20 años. Su padre les enseñó el cultivo artesanal del champiñón, y cuando la empresa donde trabajaba José Luis cerró, la familia quiso seguir con la tradición.

Comenzaron con una producción de 5 kilos por metro cuadrado, pero en su mente siempre estaba el objetivo de crecer.

Con mucho trabajo y asesoría profesional, y fueron aumentado la producción, hasta llegar a 30 kilogramos por metro cuadrado.

Tomaron cursos, se asesoraron con los mejores del mundo, se dieron la oportunidad de pensar en grande, y con esta decisión también beneficiaron a otras familias.

Siempre han mantenido un ambiente familiar, solidario. Iniciaron trabajando tres familiares, ahora ya se han unido alrededor de 30 personas más.

Ahora abastecen gran cantidad del mercado nacional con producto de calidad. Sin dejar de lado esa esencia familiar y artesanal característica del tico, dejaron de lado los prejuicios criollos, y poco a poco han visto crecer la empresa que comenzaron hace 20 años con su padre.

Para lograr crecer de la manera que lo han hecho, la familia Arce se ha preocupado por aprender todo sobre el cultivo de hongos.

Es un proceso delicado, al que hay que ponerlo mucha pasión para que el resultado sea un producto de calidad de exportación.

A la finca llegan las bolsas con el compost, el material donde se coloca la espora del champiñón. Ahí se desarrolla el cultivo.

Controlando la temperatura, se estimula la espora. A los 7 días se le aplica una cobertura de una capa vegetal. Puede ser tierra, pero lo más utilizado es la turba, una mezcla de raíces y ramas con otros compuestos.

Se deja otros 7 días, se les riega con horarios rigurosos, y se baja la temperatura. Y ahí comienza a verse la magia de la naturaleza. Los hongos comienzan crecer.

Para esto, todo el proceso es meticulosamente vigilado en bitácoras.

El cultivo se hace sin ningún químico de por medio. E incluso la recolección de los hongos se hace con todo el cuidado, directa a las canastas.

El resultado, un producto de primera calidad. Es la combinación perfecta entre lo artesanal y lo profesional. Cuando hay pasión, pensar en grande es posible.

Trabajan fieles a los valores familiares, con pasión, con dedicación.

Esa ha sido la clave del éxito. Una clave que usted también puede utilizar en su proyecto personal.