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Lograr que su hijo se concentre en las labores escolares muchas veces puede ser hasta retador para usted. La alimentación juega un papel muy importante en la capacidad del aprendizaje de su hijo.

La nutricionista Kathryn von Saaldeld ofreció este martes una serie de consejos para desarrollar este aspecto.

Asegúrese que siempre desayune

Un niño hambriento no se puede concentrar. No desayunar también es causante de que su hijo tenga una mañana con un estado de ánimo más negativo, afectándose no solo su aprendizaje, sino su capacidad para socializar.

Como madre, lo mejor que puede hacer para su hijo, es establecer el hábito del desayuno para toda la familia. Procure que se levante con tiempo, para poder poner la mesa y que todos juntos desayune. ¿Por qué juntos? La manera más poderosa de enseñar es con el ejemplo! Si pone a su hijo solo a comer, y el ve que usted sale sin siquiera tomar un vaso de agua, no le está dando una buena lección de la importancia de comer. Además, si usted sale sin desayunar también, su propia concentración y estado de ánimo se van afectar, haciéndole más difícil de tratar con un niño hiperactivo. Finalmente, las comidas en familia son uno de los medios por los que mejor conecta con su hijo.

Compartir el tiempo de comidas le hace sentir seguro, tomado en cuenta, ayudándole a fortalecer su autoestima. Si en la mañana tiene un momento para compartir con su hijo, ayudará a que llegue a la escuela más tranquilo y feliz.

Ofrézcale pinto con huevos, y no cereal

Ahora bien, ya que toma el tiempo de desayunar, es clave que ese desayuno sea de calidad!! De hecho, se ha visto mucha diferencia en el comportamiento de los niños, en su nivel de atención, y capacidad de memoria, según el tipo de desayuno.

Cuando desayunan cereal, u otra harina refinada, como una galleta, pan blanco o repostería, muestran mayor dificultad para concentrarse, un estado de ánimo más negativo, y su desempeño en actividades de memoria y atención decae.

Alimentos a base de harinas refinadas, y azúcar, causan elevaciones abruptas en el azúcar en sangre. Estas elevaciones, son seguidas por una disminución igual de fuerte, ya que el cuerpo busca disminuir los picos del azúcar rápidamente. Cuando ocurren los “bajonazos” de los niveles de azúcar, se dificulta la atención y concentración. También el niño va a tener hambre más rápido en la mañana, lo cual hace todavía más difícil que permanezca tranquilo.

Un desayuno de harinas ricas en fibra, combinadas con proteína, le ayuda a mantener los niveles de azúcar estable. Cuando desayuna con harinas ricas en fibra tiene más energía, le da menos hambre, y se favorece su desempeño en las horas de la mañana.

El pinto con huevos es un excelente desayuno. Otras buenas opciones:

Tortillas de maíz con queso.

Sándwich de pan integral con frijoles o queso.

Avena en hojuelas con leche y poca azúcar.

Frutas con yogurt y nueces.

Establézcale un horario de comidas y cúmplalo siempre

Si bien el desayuno es clave, también es muy importante que tenga regularidad en sus comidas. Como explicamos un niño hambriento es imposible que se concentre y tranquilice.

La capacidad gástrica de un niño es mucho más pequeña que la de un adulto, por lo que necesita comidas pequeñas de manera más frecuente. No se trata de que le de comida a todas horas, se trata de tenerle un horario estructurado, en que tenga la oportunidad de comer cada 3 a 4 horas. Por ejemplo, puede establecer tres comidas principales, y una a dos meriendas al día.

Ante todo respete el horario. Si en algún momento no quiere comer, deje que no coma, pero que se espere hasta la siguiente hora, no que después coma fuera de horario. La estructura y regularidad de las comidas, le ayuda a tener estructura también en otras actividades, como la escuela. Fuero de horario solo permítale beber agua.

 

Considere al establecer el horario las horas de comida en la escuela. Comuníquele el horario a todos los que cuidan del niño, incluyendo abuelitos, niñeras, tíos, etc., y asegúrese que todos lo respeten y cumplan.

Evite que consuma alimentos con colorantes

En el 2007, un grupo de investigadores británicos retomó el estudio sobre la relación entre aditivos e hiperactividad. En su investigación se siguió un protocolo científico riguroso, y se evaluaron los efectos de los colorantes artificiales y otros aditivos alimentarios (como el benzoato de sodio, un preservante) en 153 niños de tres años de edad, y 144 niños de ocho a nueve años de edad, todos sanos. De acuerdo con la observación de la conducta de los niños en el hogar, en la escuela y en pruebas estandarizadas (en el grupo de 8 a 9 años de edad), los investigadores concluyeron que las mezclas específicas de los aditivos alimentarios, aumentan la hiperactividad en algunos niños, de manera significativa. Un hecho particularmente interesante es que los efectos adversos de los aditivos alimentarios se observaron en niños sanos, no hiperactivos, sin diagnóstico de trastorno por déficit de atención.

Los aditivos asociados con la hiperactividad fueron varios colorantes y el benzoato de sodio. Aunque no es concluyente que a todos los niños les afecten por igual, evitarlos puede ayudarles también nutricionalmente.

¿Cómo estar segura que su hijo no los consume? Puede asegurar esto fácilmente, limitando los alimentos procesados, como galletas, jugos empacados, barras de cereal, etc. Planee meriendas más saludables y naturales, frutas siempre son buena opción, también pueden ser nueces y semillas, leche, sándwiches de pan integral, tortillitas con queso o frijoles, etc.

Asegure que beba suficiente agua

Niveles leves de deshidratación pueden ser una de las principales causas de cambios de comportamiento en su hijo. Mal humor, dolor de cabeza, fatiga, letargia, son síntomas que  padres y maestros no suelen asociar a la falta de agua, pero que fácilmente se  pueden prevenir con un consumo adecuado de fluidos.

Niños entre 4 y 8 años requieren mínimo 1600 ml diarios de líquido (6 vasos), niñas mayores de 9 años mínimo 1900 ml (8 vasos) y niños 2100 ml (9 vasos).