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Una mujer, víctima de violencia doméstica, y a quien por motivos de seguridad no identificaremos, asegura que su expareja le propinó golpes que le provocaron la ruptura de la nariz, lesiones en los dedos de la mano y que además no la dejaba salir a ningún lugar, ni a ella ni a sus hijos.

Ella se considera un número más de las estadísticas del Poder Judicial. Desde el 2008 sufrió en silencio el flagelo que una gran población de mujeres vive a diario en el país.

La pequeña diferencia es que ella, un 14 agosto, decidió romper el silencio y decir alto a las agresiones y amenazas de su compañero sentimental

“Él me advirtió, que si ponía una denuncia por violencia doméstica, iba a regresar y la emprendería contra mí y mis hijos”, narró a Telenoticias.

El 27 de agosto de ese mismo año, se dio cuenta que romper el silencio no había sido suficiente y que por el contrario había activado a alguien peor de lo que creía.

Y es que que cuando viajaba en compañía de su madre y del menor de sus dos hijos, fue víctima de un bajonazo.

“Recibo amenazas con respecto al vehículo, que mi esposo iba a venir a recogerlo de mala forma”, dijo.

Como era de esperarse, acudió a las autoridades, a esas que piden a diario a las víctimas de abuso que denuncien para ser ayudadas pero las cosas no salieron como esperaba.

Los investigadores de la Sección de Robo de Vehículos, tras una extensa investigación, confirmaron que al día siguiente del bajonazo, la expareja de la mujer tenía el auto en su poder.

Y todo lo investigado los llevaba a que él era el actor intelectual de dicho hecho criminal, por eso realizaron su detención, y el decomiso del automotor.

Sin embargo, cuando llegó el caso a manos del Ministerio Público todo empezó a cambiar. La fiscal del caso dio sobreseimiento al caso, dio libertad al hombre y además le devolvió el vehículo al supuesto actor intelectual.

“El 28 de agosto cuando llegó a mi casa, un tipo me pone un arma en la cabeza y me quita el vehículo”.

Según confirmamos por documentos oficiales del Poder Judicial, las pruebas aportadas por los agentes judiciales, mostraban con claridad la relación de los hechos con el sospechoso

Pero parece que no fueron suficientes. Ahora la mujer y su familia temen por su vida, y esperan que esa persona que se encuentra en libertad por el sistema no cumpla las promesas que le hizo al marcharse esposado por la policía.