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Cuando el gobierno puso freno al endeudamiento del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), este encontró un tesoro en los fondos de pensiones para financiar obras de primera línea.

Cariblanco es una planta hidroeléctrica que inició operaciones en el año 2007 con una capacidad de 80 mega watts, pequeña si se compara con los más de 2000 mega watts generados por el ICE, pero indispensable para mantener al país sin apagones.

Su costo fue de 170 millones de colones.

En el 2009, la empresa sufrió los embates de la naturaleza. El terremoto de Cinchona provocó una cabeza de agua. Los resultados fueron desastrosos, y la dejaron inactiva por cinco meses.

En mayo de ese año la planta volvió a operaciones, después de una reparación que costó 50 millones de dólares. Este gasto extraordinario lo cubrieron los seguros. La planta tiene un contrato con el INS que le da protección por $170 millones. Ningún inversionista vio nunca en peligro su inversión.

Cariblanco es un ejemplo, pero no el único, de una nueva forma de financiamiento: el fideicomiso donde están invertidos dineros de pensiones.

La planta de Peñas Blancas, fue el primero en el tiempo de una serie de proyectos que el ICE se propuso financiar por una vía no usual, es decir, con dinero de los fideicomisos. Tiene una capacidad de 37,5 megawatts y tuvo un costo de 70 millones de dólares.

También se financió por esta vía el proyecto de Toro 3, el más reciente de todos, y también Garabito, el más grande, una planta térmica que produce 200 mega watts.

Pero antes, el ICE había puesto en funcionamiento a Garabito, una planta térmica donde también se usaron fondos de fideicomiso combinados con préstamos internacionales.

En resumen, el ICE ha logrado financiar 800 millones de dólares distribuido en cinco proyectos por este nuevo sistema.

Pero lo más interesante en este caso es que buena parte de ese dinero fue aportado por los fondos de pensiones, en concreto por las operadoras de fondos de pensión complementaria.

Cuando se refiere a BN Vital, se está hablando de un patrimonio de miles de millones de colones, capaces de financiar muchas represas hidroeléctricas.

Pero más grande aún son los fondos de la junta de pensiones del Magisterio Nacional, que suman 800.000 millones de colones, una cifra que es exactamente el doble de todas estas obras del ICE.

El país necesitará, solo en infraestructura vial, uno mil millones de dólares anuales, más o menos lo mismo que generan las compañías de pensiones año con año.

Pero el empleo de los fondos de pensión y otros no es tan sencillo. Poco después de la buena experiencia del ICE, el gobierno puso un freno a este tipo de negocios, dejándolos prácticamente en el olvido.

Pero los recursos están allí, y allí están las necesidades. Pero las dificultades no son pocas.