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 Nadie se salva de que, en algún momento se le “salga el feo”: tener una actitud agresiva, virulenta, o que esté desganado, apático. Eso que otra gente podría considerar tener un “carácter del demonio”.

El problema, es que eso sea la constante, lo recurrente, lo habitual. Gente así es segregada, dividen grupos de familias, o compañeros de trabajo y es complicado convivir con ellos.

Para hablar de este tema, se invitó a Fabián Zolo, quien es desarrollador humano y tomará en cuenta la diferencia entre el temperamento y el carácter.

*Fotografía tomada del Facebook: Escuela para aprender a ser feliz.