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Durante la mañana de este miércoles, ya son casi imperceptibles las columnas de gases en el volcán Turrialba, luego de que el martes un incremento en la actividad del macizo, acompañado de expulsión de cenizas, llamara fuertemente la atención.

Desde tempranas horas, un equipo de la Red Sismológica Nacional (RSN), llegó al lugar para realizar una inspección y estudiar el material que emanó el volcán, para determinar si se trata de ceniza que ya se encontraba en los conductos o más bien proviene de la profundidad en el interior del coloso.

Pese a la merma en la actividad volcánica, la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) recuerda que ahí se mantiene, al igual que en los volcanes Poás y Rincón de la Vieja, una alerta verde desde hace tres años, como medida de prevención.

Según informó Rebeca Madrigal, jefa del departamento de comunicación de la CNE, la ceniza expulsada por el Turrialba afecta de manera importante a La Picada y La Silvia, dos poblados cercanos que no se encuentran habitados.

Madrigal aseguró que ahí solo llegan trabajadores para atender las labores propias de las fincas en esa zona. El principal efecto de las cenizas es la afectación sobre los repastos utilizados para alimentar el ganado, principal actividad productiva en el lugar.

Pese a algunas versiones que aseguraban la caída de ceniza en Coronado y algunos puntos altos del Valle Central, en la CNE afirman que no tienen un reporte oficial que les permita asegurar que esto ha ocurrido.

Mientras el acceso al parque nacional continúa cerrado, la Comisión hace un llamado para que las personas que trabajan en La Picada y La Silvia eviten llegar al lugar.