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Los narcotraficantes en Colombia han ideado una nueva modalidad para enviar cocaína fuera de sus fronteras: soltar en altamar boyas conteniendo alijos de droga que localizan mediante un sistema de posicionamiento (GPS) que funciona con energía solar.

La policía descubrió la técnica cuando investigaba algunos barcos que zarpaban del puerto de Tumaco, en el pacífico colombiano, rumbo a México.

Ya en altamar y previamente dispuesto con coordenadas, cortaban las cuerdas que sujetaban las boyas, las cuales quedaban flotando para que posteriormente fueran recogidas por organizaciones del narcotráfico de Centroamérica.

Pero esa es apenas una de las técnicas que utiliza el narco con sus multimillonarias ganancias.

Otra de sus inversiones son armas de grueso calibre, fusiles de guerra como el AK-47 y armas automáticas o de repetición.

Oficiales de la Unidad Táctica del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y del Ministerio de la Presidencia dan fe de esto. Uno de los casos más recientes ocurrió en Limón hace pocas semanas.

Un sospechoso de varios homicidios y de tráfico internacional de drogas, quien estuvo oculto por varios meses en Jamaica, disparó utilizando una AR-57 con munición letal y con repetición. Un arma poco conocida y nunca vista por las autoridades en el país.

La Unidad Especial de Intervención (UEI) del Ministerio de la Presidencia también ha tenido enfrentamientos con grupos criminales, en este caso, de Puntarenas.

Incluso, algunos han terminado heridos de bala.

La huella de la delincuencia organizada no solo está bien marcada en métodos para trasegar, para ocultar droga o para enfrentarse a la policía.

Más de 500 asesinatos, casi 400 de ellos producto de ajustes de cuentas, dan cuenta de algo que dejó de ser aislado.