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Ángela Mora es una mujer con una fortaleza de espíritu admirable pero una situación económica muy complicada.

Ella junto con sus dos muchachos han vivido por años en un cuarto de latas en Nicoya. Imagínese la intensidad del calor guanacasteco dentro de estas latas.

El piso de tierra, la falta de un servicio sanitario, la ausencia de una mesa donde estudiar o la enfermedad de Alexander, nada de eso ha detenido a los dos muchachos en su ambición de salir adelante. Van al colegio sin poner pero alguno.

Su historia no sólo generó solidaridad sino admiración, una admiración que se tradujo en donaciones y esas donaciones se transformaron en una casa amplia y cómoda que no se parece ni un poquito al rancho de latas.

La emoción los envolvió y junto a doña Ángela, Alexander y Kendall lloramos de tanta alegría.

Esta casa es mucho más de lo que ellos algún día soñaron.

Alexander definitivamente fue el más emocionado, y cómo no, si esta casa va a mejorar hasta su salud. 

Que alegría hay hoy en Nicoya. Poder ser testigos del sueño de una familia como esta nos llena el corazón y lo mejor es que no sólo fue esta la familia beneficiada.