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Michel Platini, que como futbolista tenía la virtud de leer el juego a la perfección antes que los demás, no vio venir esta vez su amarga derrota: el nieto de humildes inmigrantes italianos desplazados a Francia, luego mejor jugador del mundo y presidente de la UEFA, ve reducidas a cenizas sus esperanzas de dirigir la FIFA tras ser suspendido ocho años.

"Cada vez que me acerco al sol, como Ícaro, me quemo", había analizado sabiamente el excapitán de Francia el pasado 19 de octubre en una entrevista al diario Le Monde.

Platini, de 60 años, fue conducido a la desgracia de la mano de su exmentor y luego gran enemigo, Joseph Blatter, presidente dimisionario de la FIFA e igualmente castigado con ocho años de suspensión este lunes. El motivo, un controvertido pago de 1,8 millones de euros de Blatter a Platini en 2011, supuestamente por unos trabajos de asesoría concluidos una década antes, sin mediar contrato escrito.

Un duro golpe para el ambicioso Platini, que lo ha sido casi todo en el fútbol.

Desde su infancia en la región de Lorena a la presidencia de la UEFA desde 2007, pasando por la conquista como jugador de la Eurocopa-1984 con Francia y tres Balones de Oros (1983, 1984, 1985).

Enamorado del fútbol y sobre todo del buen fútbol, percibido por muchos como la encarnación del romanticismo en este deporte, Platini supo reconvertirse de futbolista a entrenador (seleccionador de Francia de 1988 a 1992) y luego a dirigente.

Diego Maradona dijo que le habían "cortado las piernas" cuando le excluyeron por dopaje del Mundial-1994. Ahora se podría decir que a Platini le han cortado las alas.

Los que han seguido su carrera desde los terrenos de juego a los despachos del fútbol europeo subrayaban a menudo que el traje de directivo no cambió el carácter del futbolista.

Conservó sus amigos de siempre, entre ellos el polémico presidente del Montpellier 'Loulou' Nicollin, el histórico locutor deportivo Jacques Vendroux o Zbigniew Boniek, excompañero en la Juventus.

¿Excesivamente confiado?

En su ilusión por presidir la FIFA, un asunto de dinero ha terminado por manchar su fulgurante carrera.

Platini contó su versión de cómo fue su colaboración con Blatter como asesor: "¿Cuánto quieres?", le habría preguntado el suizo. "Un millón", respondió el francés según su relato, añadiendo "un millón de lo que quieras, de rublos, de libras, de dólares", en un momento en el que todavía no estaba en circulación el euro.

"De acuerdo, un millón de francos suizos", habría sentenciado el presidente de la FIFA.

¿Ocurrieron los hechos así? ¿No supo medir bien sus fuerzas Platini en las guerras de la FIFA? Cuando pasó de amigo a enemigo de Blatter, especialmente cuando estalló el 'FIFAGate' en mayo con las detenciones de dirigentes del fútbol en Zúrich en vísperas de las elecciones presidenciales.

Entonces, Platini plantó cara abiertamente a Blatter, exigiéndole responsabilidades.

¿Podría estar el suizo detrás de este caso para impedir que el francés le sucediera al frente de la FIFA? Lo cierto es que Platini parecía ser el gran favorito para las elecciones del 26 de febrero y contaba con el apoyo de varias confederaciones.

El drama de Heysel

"No me gusta perder", declaró recientemente a Le Monde. Pero ahora vive su mayor revés, después de haberlo ganado casi todo como jugador, con la gran deuda pendiente de las derrotas en las semifinales de los Mundiales de 1982 y 1986.

En su palmarés cuenta con la Copa de Francia con el Nancy (1978), el campeonato de Francia con los 'Verts' del Saint-Etienne (1981) y la liga italiana con la Juventus (1984, 1986).

Con los turineses vivió uno de los momentos más duros que se recuerdan en el fútbol, la tragedia del estadio de Heysel, donde 39 personas murieron el 29 de mayo de 1985 en Bruselas. Platini jugó y ganó aquella final de la Copa de Europa ante el Liverpool (1-0), justo después de las escenas de pánico y horror en la grada.

"No he dejado atrás esa final, como no la dejó atrás nadie de los que la vivimos", admitió el pasado 29 de mayo, con motivo del 30º aniversario del drama.

Ahora su carrera da un giro incierto, que puede conducirle a una vía muerta para un triste epílogo a una trayectoria inolvidable en el fútbol.