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Joseph Blatter fue durante 17 años el patrón de la poderosa FIFA y la encarnación de la metáfora del capitán que no abandona el barco, pero tras más de 40 años en los despachos del fútbol, ha acabado saltando por la borda y ahogado por las olas del escándalo sin precedentes que vive la institución.

Cuando Blatter, desde este lunes suspendido por 8 años de toda actividad en el fútbol, entró a trabajar en 1975 como director de programas de desarrollo, la FIFA no tenía más de una decena de empleados y tenía su sede en un pequeño edificio de Zúrich. La leyenda dice que el propio Blatter tuvo que pedir una vez un crédito bancario para pagar los salarios.

Actualmente, las reservas de la máxima instancia mundial del fútbol ascienden a 1.500 millones de dólares (1.360 millones de euros). En estas cuatro décadas, este deporte pasó de ser un pequeño 'negocio artesanal' a convertirse en una multinacional, un proceso en el que Blatter ha estado ligado paso a paso.

A sus 79 años, la justicia interna de la FIFA le ha impuesto ocho años de castigo por el polémico pago en 2011 de 1,8 millones de euros a Michel Platini por unos supuestos trabajos de asesoramiento realizados una década antes. 

Y Blatter ha arrastrado en su caída al presidente de la UEFA, llamado a sucederle al frente de la FIFA y que recibió una suspensión por el mismo tiempo.

Paralelamente, la justicia suiza decidió el pasado 25 de septiembre imputarle por este pago, pero también por un contrato firmado con la Concacaf por el que se cedían a un precio muy inferior al de mercado los derechos de televisión de los Mundiales de 2010 y 2014 y que las autoridades helvéticas consideran perjudicial para la FIFA.

La caída habrá sido lenta pero inevitable para el suizo desde que anunció su futura dimisión el pasado 2 de junio, apenas tres días después de su reelección para un quinto mandato, y convocó un congreso extraordinario para elegir a su sucesor, que se celebrará en Zúrich el 26 de febrero.

Insensible a cualquier presión, Blatter martilleó a todo aquel que quisiera escucharle: "Lo dejaré el 26 de febrero. Ni un día antes". Pero al final ha sido la propia FIFA la que ha puesto fin precipitadamente a la historia del suizo en la organización.

Una historia de cuatro décadas en las que la FIFA se ha transformado en una formidable máquina de hacer dinero, sobre todo gracias a los ingresos de la Copa del Mundo. Blatter, además, se jactaba de que la Federación Internacional contaba con más miembros que la ONU (209 por 193).

Blatter ocupó el segundo puesto en el escalafón (el de secretario general) durante 17 años, antes de suceder en la presidencia en 1998 al brasileño Joao Havelange, al que 'Sepp' se mantuvo siempre muy cercano.

"¿Mi mayor éxito? Haber universalizado el fútbol", se felicitó durante mucho tiempo Blatter, que también solía destacar que se jugaba al futbol "en Irak, en Afganistán e, incluso, en Siria", países en conflicto donde este deporte "nunca fue atacado por las partes beligerantes".

"Nada me puede detener"

El desarrollo del fútbol en Asia le debe mucho, al igual que África. Bajo el mandato de Blatter se celebraron los dos primeros mundiales en esos continentes: Japón-Corea del Sur en 2002 y Sudáfrica en 2010. "Fiel y agradecido", según un allegado al suizo, guardará poderosas relaciones de aquellos años, que le ayudaron a enfrentarse a las críticas que llegaban de Europa.

Nacido "un poco prematuro, a los siete meses", según sus confidencias, Blatter fue un moedsto jugador amateur, "en el puesto de delantero", que hizo colaboraciones periodísticas para financiarse sus estudios de comercio cuando era joven. Incluso declaró el pasado 20 de julio que volverá a ejercer su antigua profesión de periodista cuando quede definitivamente desvinculado de la FIFA.

Blatter, que se veía a sí mismo, en otra de sus famosas metáforas, como "una cabra de las montañas, sigo avanzando y nada me puede detener", no habrá podido finalmente sobrevivir al tsunami que ha sacudido a la FIFA en el último año, desencadenado el pasado 27 de mayo con la detención en Suiza de siete dirigentes acusados por la justicia norteamericana de corrupción.

Insaciable e infatigable, Blatter desoyó a todos aquellos que, como Platini o su propia familia, le pidieron que dejase el puesto ante la magnitud del escándalo. Hubiese sido la ocasión de dejar el cargo con cierta decencia, pero como todo capitán de barco que se preste, se negó a abandonar y acabó naufragando con la nave.