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Seamos honestos: ¿quién no ha escuchado alguna vez el estribillo de una canción que se ha convertido en un referente en estos días de tamales, luces multicolores y chispeantes, aguinaldos y olor a ciprés? Sí, me refiero a Navidad sin ti.

Llega Navidad 
Y yo sin ti, 
En esta soledad 
Recuerdo el día que te perdí. 

No se donde estés, 
Pero en verdad 
Por tu felicidad 
Hoy brindo en esta Navidad.

Yo la he escuchado una y otra vez, no porque la busque en la radio o en Internet y me desgalille cantándola mientras hago ejercicios o hago oficio en mi casa.

La he escuchado porque, por ejemplo, es imposible no caminar por San José centro y escuchar cómo Marco Antonio Solís -su autor- se desgalilla en los parlantes bulliciosos de las apretujadas tiendas.

Y cada vez que la escucho -como esas del Año Viejo o Jugo de piña- me pregunto: ¿a cuánta gente le pegará duro esta canción? Es decir: cuántas personas que se sienten solas buscan desesperadamente alguien para pasar estos días, aunque en enero la 'manden a volar'.

Levanto la mano porque en el pasado me pasó y de verdad no lo recomiendo. Uno comete cada error del que después se pregunta: ¿era necesario haber perdido mi paz con tal de no estar solo?

Y a mis 41 años les confieso: mi paz y mi tranquilidad valen oro, y por eso dejé -hace mucho tiempo- que el efecto 'Navidad sin tí' me moviera el piso.

Ahora les pregunto: ¿están ustedes en esta situación? Si es así -aclaro, no soy psicólogo- entonces humildemente me permito sugerirle varias cosas.

1. Siéntase bien con usted mismo o misma. Su felicidad no depende de alguien, solo depende de usted.

2. Valore a quienes tiene a su lado: su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo. 

3. Realice actividades que le produzcan placer: cocine, tómese un rico café (o la bebida de su predilección), vea un atardecer, lea un buen libro, vea su serie favorita, cómase una tajada de su queque favorito o planee un viaje. 

4. Practique algún deporte; mueva su cuerpo para que mejore su calidad de vida.

5. Y ríase de usted mismo (misma) y no pierda la capacidad de asombro. Mejor si se ríe con sus seres queridos; la risa compartida sabe mejor.

Por eso: no permita que la susodicha canción -y su consecuente efecto depresivo- le amargue estos días tan bonitos y que nos invitan a la reflexión y al disfrute de todo lo que nos rodea.

Si ustedes supieran lo liberador que es... les aseguro que no habría corazones ansiosos cada vez que tarareen el consabido estribillo de Marco Antonio Solís.

Les deseo una muy feliz Navidad y muchas bendiciones. Gracias por su gentil lectura y sus comentarios, observaciones y críticas. Nos vemos en enero próximo Dios mediante.