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Una coma, un punto, una tilde, un adjetivo y hasta un verbo juegan en la diplomacia internacional.

El mejor ejemplo de que las cuestiones gramaticales pueden influir en la toma de decisiones de trascendencia histórica se vivió ayer, en París, en el cierre de la llamada Cumbre del Clima.

Según publica el diario El País este domingo, una vez el texto final que sería aprobado por los 195 países estaba listo, la diplomacia estadounidense encontró un escollo, en vista de que el Congreso -dominado por los republicanos, tradicionales opuestos a las políticas de lucha contra el cambio climático- lo bombardearía y el gobierno de Barack Obama se quedaría de manos atadas.

Y ese escollo era el verbo deber. Cinco letras que, con una conjugación particular, habrían tirado por la borda esfuerzos, consensos y largas jornadas de debate.

En el texto se decía: "Las partes que son países desarrollados deberán seguir encabezando los esfuerzos y adoptando metas absolutas de reducción de emisiones para el conjunto de la economía". 

También se establecía que cada firmante "deberá preparar, comunicar y mantener" sus planes de recorte de emisiones de dióxido de carbono.

La presidencia francesa, haciendo gala de una exquisita maniobra diplomática, cambió la conjugación del verbo y  el texto quedó redactado así: "las partes que son países desarrollados deberían seguir encabezando los esfuerzos y adoptando metas absolutas de reducción de emisiones para el conjunto de la economía". Es decir: se cambió "deberán" (shall) por "deberían" (should).  

Una vez se corrigió, Laurent Fabius, ministro francés de Exteriores, preguntó si todos estaban de acuerdo con el pacto y lo dio por aprobado ante la ovación de los presentes, excepto Nicaragua, que criticó el cambio y, aunque fue muy duro en las negociaciones, decidió no bloquear la aprobación del texto, aunque después lanzó más críticas.