Última Hora

Tradicionalmente la escena de bañar a la bebé estaría protagonizada por la mamá. No estamos diciendo que haya algo malo en ello, de hecho, lo no está bien en esta imagen no tiene que ver con tareas domésticas, sino con la terrible tristeza que acompaña a este hombre que desde hace tres años se las arregla para atender a sus tres hijos solo.

La mamá de la pequeña Sirleny falleció en el parto. No estuvo aquí para enterarse que la bebé nació con  parálisis cerebral, no está aquí para volver a abrazar a Pedro ni a Ramiro, que tanto la extrañan.

Y no está aquí para acompañar a don Olman en la difícil tarea de ser papá de tres, de atender sus necesidades de amor y de suplir los requerimientos de una hija con condiciones especiales.

No hubo mucho tiempo para llorar, por lo menos no para Olman. Ser papá sólo no es sencillo para nadie, pero mucho menos, cuando hay que repartir el jornal de un peón entre alquilar una casa, traer comida para los cuatro, pagar pasajes de bus para la escuela y pagar una muchacha que lleve la "nena", como le dice su papá, a las terapias todas las mañanas.

El dinero bien repartido termina alcanzando, apenitas, pero alcanza. Lo que ha sido inevitable es pasarse de casa una y otra vez.

“Cuando uno alquila es porque es casa de trabajador, entonces cuando se llega el tiempo del mes de noviembre, uno tiene que salir, desocuparla y buscar otro lado”, nos contó.

Para Pedro y Ramiro tampoco ha sido fácil, tres años no borran la partida de una mamá.

“Nos cuidaba. Y ya el amor que tenía por nosotros ya no está”, dice Ramiro. Este pequeño de 11 años, con voz entrecortada, no puede esconder que extraña “mucho” a su madre.

Pedro, que tiene 13 años, también siente el vacío que jamás se llenará. “La extraño a veces, bueno, casi todo el tiempo”.

“Cuando uno comparte con una persona es algo bonito, fueron 11 años que yo conviví con ella, hasta que ya Dios lo decidió así”, comenta por su parte Olman.

Las cosas son lo que son y no hay vuelta atrás. Por el momento viven en esta casa, que si bien es muy humilde, está cuidadosamente aseada. El orden, el aseo y el trabajo en equipo son parte de las reglas del hogar desde que la mamá se fue.

A los niños les toca barrer, limpiar, arreglar las camas y lavar los trastes, lo hacen con sin poner peros.

Olman es un papá ejemplar, no hay quien pueda negar eso. Les ha dado lo más importante a sus hijos: tiempo y atención, Ramiro no duda en calificarlo como amoroso, algo que no sólo es evidente para los suyos.

Una casa propia, de la que no se tengan que mover cada temporada de cosecha es el anhelo de este papá.

La otra gran necesidad es una silla para la nena. Está creciendo y ocupa algo confortable y en la que puedan movilizarla con facilidad. Eso de alzarla, en unos meses o años, ninguna espalda lo soportará.

Lo único que podríamos darle a Olman y a sus hijos es una casa y una silla especial. Él a cambio nos regala una lección de vida, nos enseña qué es ser un papá de verdad. No ha puesto de excusa su sencillez para proteger y cuidar a sus hijos, y en medio de lo callado que es, ha atesorado en el corazón de sus hijos, la mayor de las dulzuras: el amor incondicional.

Para mayor información, comuníquese al teléfono 8350-5666.