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Hace más de 15 años no va a un salón de baile, pero ‘Millón’ no pierde la destreza, también recuerda con nostalgia sus sitios favoritos cuando vivía en Costa Rica.

“Me gustaba mucho el Típico Los Maderos, El Gran Parqueo, algunas veces fui a Los Higuerones, al Típico Latino”, asegura.

El bebé más celebrado en nuestro país en el Siglo XX asegura que en Trenton, Nueva Jersey, y en kilómetros a la redonda es imposible encontrar un buen lugar para bailar buen swing o paso doble.

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El bebé que completó el millón de habitantes en Costa Rica aún se saborea algunos de sus temas favoritos. “La Chispita, El Torero de la Sonora Santanera; bailaba swing, bolero, marcadito, a mí me encanta bailar, todavía tengo espíritu y ganas de hacerlo”.

En Costa Rica siempre estuvo tras el volante. Ahora en Estados Unidos su condición migratoria irregular le impide venir al país a visitar a su familia, pero él les ayuda trabajando sobre un techo. Desde que llegó en el año 2000, Helbert Núñez es ‘rufero’.

“Lo más difícil de ser rufero es que tenés que enfrentarte con la muerte a veces, tenés que tener mucho cuidado, porque un mal paso que dés te puede costar la vida”, explicó.

Cada mañana, Helbert y sus compañeros llegan a una casa distinta, desarman por completo el techo viejo e instalan uno completamente nuevo. Así es como ‘Millón’ se gana la vida en Estados Unidos.

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Carlos Agüero, quien trabaja junto a él, llegó hace 13 años de Pérez Zeledón. Los techos son la principal fuente de trabajo de los ticos en Trenton, pero ellos aseguran que no es para cualquiera.

Muchos lo dejan al primer día porque es duro. En el trabajo de ‘rufero’ la temperatura puede ser un aliado o un enemigo.

En Trenton no hay playa. La mayoría del año la temperatura es baja y la nieve impide trabajar y hasta salir en buena parte del año. ¿Qué extraña Helbert de la tierra que lo designó como el bebé un millón?

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“Ir a un río a pescar, ir a la playa, aunque aquí hay playa pero no es igual. Aunque yo he salido de Trenton y he estado en varios estados y siempre añoro Trenton, algo tiene de encanto que una vez que entras sientes calor de hogar”, dijo.

Para un hombre trabajador, que labora de sol a sol y al regresar a casa siempre comparte con su familia, los recuerdos de su hogar llegan en la lejana Tilarán están presentes constantemente; no es para menos, desde hace 59 años carga con el título de ser el niño millón.

“Recibimos ayuda de la Numar, de Ciclo Club y yo tenía entendido que era un bono de 25 mil colones, pero ahora que te escucho de mil colones, en ese tiempo era una cantidad importante después de ahí escuché que me iban a dar una casa pero nunca se dio”, recuerda.

La casa prometida no llegó, tampoco el estudio y las oportunidades. Con la muerte del padre, ‘Millón’ debió dejar el colegio.

“Fue difícil, traté de sacar el bachillerato por madurez y en esos días que estaba estudiando tuve un accidente de tránsito, y ya me desanimé”.

Al final, la felicidad llegó tras el volante. “El taxi es uno de los trabajos más hermosos que he tenido, me fascinaba, trabajaba todos los días prácticamente. El taxi no es ni un trabajo, es como una diversión, eso era para mi”.

También algunas satisfacciones. Muchas veces pudo ayudar a personas que necesitaban el transporte pero no podían pagarlo.

Ahora, cuando se le pregunta, afirma que no tendría problema en volver a sentarse tras el volante de un taxi, “con todo gusto lo haría”, subraya.

Él quiere volver a Costa Rica, pero ¿lo hará con sus hijos? ¿teme ser deportado?