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Tener un hijo con discapacidad mental y física es difícil para cualquier mamá. Ahora imagínese que no sea un hijo, sino tres con discapacidad, que el papá se haya ido y que tengan que vivir de una beca. También súmele que viven en lo que conocemos como un bajo.

Esta es la situación de doña Dyna Ugarte y sus hijos: Robin de 14 años, el único que no tiene discapacidad, Roiner de 14, Dayana de 12, y Darling de 10, los tres con parálisis cerebral y retardo mental.

Un ingreso de 204.000 colones mensuales tienen que rendir para pagar los recibos, comprar pañales, pagar el transporte al centro educativo donde les dan terapia y también tiene que alcanzar para comer.

La casa está evidentemente en mal estado. Mientras esté soleado es luz lo que cuela por los huecos del techo, pero cuando llueve es el agua lo que atraviesa. El baño está medio cerrado con plásticos y el piso combina espacio de tierra y otros de cerámica regalada.  

Aparte del camarote y un par de sillas, el único lugar para sentarse es una vieja hamaca, y es toda una disputa que generalmente gana la pequeña Darling.

Con todo y su mal estado y lo poco que tienen, esta casa es el mejor lugar donde han vivido, antes fueron precaristas josefinos. Como muchas cosas en la vida, cuando algo viene, algo se va, y en el caso de ellos fue su papá el que se fue.

El día a día no es sencillo, lo primero es bañar a los tres y lograr que todos lleguen a tiempo a la escuela, algo que requiere trabajo conjunto. Robin, por ejemplo, está encargado de Roiner. Le toca bañarlo, ayudarle a secarse y también mudarlo.

Salir de la casa es un calvario. Y es que aunque la cuesta no es muy larga, sí es bien empinada. Sobre todo para lograr llevar hasta la calle a los tres.

A Roiner hay que ayudarle para que se agarre de la baranda, también hay que encaminar a Dayana y por último ingeniárselas para subir la silla de ruedas de Darling, que por cierto es prestada.

Y es que son cosas simples, el día a día, las pequeñas complicaciones, el cansancio físico lo que hace imposible obviar la condición de los tres.

En medio de lo desesperante que a ratos se vuelve la convivencia, aquí nadie pierde la esperanza de mejorar, de tener condiciones mínimas que faciliten la vida de doña Dyna y de Roiner para que puedan atender mejor a los tres menores.

Dicen que la discapacidad significa únicamente que hay que tomar un camino distinto al de la mayoría. De momento este camino ha sido empinado y tremendamente crudo. Sin embargo, tienen lo que a muchos nos falta: agradecimiento. Una sonrisa sincera que hace real eso de que la felicidad depende más del deseo interior de ser feliz que de las circunstancias que nos rodean.

Darling, al igual que sus hermanos y su mamá, necesitan muchas cosas materiales, pero del resto, de lo que no se compra con dinero, están más que llenos.

Para mayor información, comuníquese al teléfono 8350-5666.