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Unos 9.000 cocodrilos que pertenecen a la otrora poderosa familia hondureña Rosenthal -cuestionada por aparentes vínculos con el narcotráfico y el lavado de dinero- tienen cerca de 40 días sin comer.

Lo anterior fue revelado por el diario La Prensa, que envió un equipo a la empresa que vendía pieles de cocodrilo en el norte del país.

La cocodrilera forma parte de una fundación biológica que en estos momentos atraviesa una severa crisis económica, luego de que el gobierno hondureño congeló y confiscó bienes y cuentas de los Rosenthal.

Esto ocurrió luego de las serias acusaciones que el gobierno de Estados Unidos emitió, a inicios de este mes, con tres miembros del clan; uno de ellos está detenido en ese país.

A raíz de estas acusaciones, Honduras también ordenó liquidar el Banco Continental, uno de los 10 más importantes de esta nación centroamericana.

En vista de que la cocodrilera ha sido uno de los pocos bienes incautados, sus responsables afirman que no tienen recursos para pagar salarios ni para comprar el alimento (desperdicio de carne) de los 9.000 cocodrilos.

Incluso, revelaron que a pesar de esta situación una veintena de trabajadores aún sigue en la empresa, quizá con la esperanza de que algún día les pagarán sus salarios o, en el mejor de los casos, sus liquidaciones de tantos años. Otros ya se han ido.

Pero mientras esto ocurre, las dos principales preocupacioes de los empleados son su bienestar y el de los enormes reptiles.

“Seguimos viniendo a trabajar por responsabilidad, por no dejar a los animales solos, pero algunos compañeros ya se han retirado y buscado otros trabajos. A fin de este mes corresponde que nos paguen, y la mayoría dice que si no reciben pago se irán a buscar trabajo porque no pueden estar sin recibir dinero, pues tienen familias que alimentar, alquiler que pagar, etcétera”, expresó uno de los empleados.

Otro también expresó su preocupación:  “Los cocodrilos se ven débiles y su piel empieza a colgarles, porque están delgados. Unos ya desesperados rompen el cerco y salen a buscar comida, otros se muerden entre ellos por el hambre. Los dueños de esto no han regresado y tenemos miedo que nos dejen sin nada”.