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Hay que estar cerca del volcán Turrialba para darse cuenta que la erupción del viernes fue de una magnitud importante.

La razón por la cual la ceniza en esta ocasión no llegó hasta el Valle central fue que al momento del evento llovía y no corría mucho viento.

La lluvia provocó que la ceniza se transformara en una especie de arcilla pegajosa.

Hubo acumulación de hasta 80 centímetros de este material en el cráter y entre 3 y 4 centímetros al oeste del cráter principal.

Esta especie de arcilla acumulada en las quebradas que nacen en las faldas del Turrialba, obliga a una vigilancia de los causes.

Las quebradas se impermeabilizan y esto favorece la formación de cabezas de lodo, piedras y troncos.

Luego de la erupción del viernes anterior, el Turrialba mantiene una emanación constante de gas con señales de actividad sísmica constante.