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El exceso de energía y la sensación de bienestar y hasta euforia que quedan en el cuerpo humano después de correr siguen estando en la mira de los científicos. Hay quienes le atribuyen la responsabilidad a las hormonas, sin embargo, han surgido nuevas teorías que buscan explicar la fuente de la llamada "euforia del corredor".

Los datos señalan que el hacer ejercicio hace que el flujo sanguíneo se llene la de las hormonas llamadas endorfinas, portadoras de felicidad; sin embargo, estas hormonas son demasiado grandes como para llegar al cerebro el cual está protegido por una sofisticada barrera hematológica.

“La euforia del corredor es un sentimiento bastante efímero, nadie sabe de antemano si lo alcanzará”, explica Johannes Fuss, investigador del Instituto de Investigación sobre el Sexo y Psiquiatría Forense de Hamburgo, Alemania.

Un nuevo estudio publicado por Fuss y su equipo muestra que la anandamida, un compuesto endocanabinoide, tiene un papel fundamental en la reducción de ansiedad y la tolerancia al dolor en ratones de laboratorio que habían corrido durante horas en una noria.

Así se dio a conocer la semana pasada en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (PNAS por sus siglas en inglés) y lo publicó el diario El País de España,

Los compuestos endocanabinoides deben su nombre a que son homólogos de los compuestos del cannabis, cuyos efectos analgésicos y psicoactivos pueden asemejarse a los descritos por los deportistas tras el ejercicio.

Estudios anteriores han demostrado que el deporte hace que el torrente sanguíneo se llene de estas sustancias. Y no es solo cosa de humanos, pues los perros, otro animal hecho para correr largas distancias, también los segregan tras el ejercicio.

Al contrario de las hormonas, estos neurotransmisores sí pueden alcanzar el cerebro con lo que, hipotéticamente, podrían llenarlo de buenas sensaciones.

Muchos expertos creen que este placer tiene una lógica evolutiva aplastante. Por un lado, nuestro sistema nervioso está diseñado para ahorrar energía y sabotea nuestros intentos de hacer ejercicio inútil. Pero por otro, durante milenios, correr largas distancias detrás de una presa hasta agotarla era la diferencia entre un humano vivo y otro muerto. Por eso es lógico que existan mecanismos de recompensa neurológica para fomentar esta actividad.

Más estudios

Según otro estudio reciente, la euforia del corredor sería mayor y más frecuente en personas que segregan poca leptina, una hormona conocida por regular el apetito, pero que también podría estar detrás del placer que genera el ejercicio. A menos leptina, más hambre siente el corredor, pero también más motivación psicológica para seguir corriendo detrás de su presa. Los humanos son animales sociales, cazan en grupo y en este sentido también se premiaría el trabajo en equipo.

Es lo que sugiere otro estudio centrado en regatistas del equipo de la Universidad de Oxford y que exploró la “euforia del remero”. Cuando los deportistas reman juntos y en equipo, segregan más hormonas que cuando van solos.

Más allá de estos momentos fugaces de placer, puede que el ejercicio refuerce a largo plazo el órgano que más diferencia al humano del resto de animales. 

Alejandro Lucía y Helios Pareja trabajan en la Universidad Europea de Madrid investigando los beneficios neurológicos del deporte a largo plazo. “La anandamida -el compuesto analizado por Fuss- tiene una función farmacológica muy parecida al THC”, el principal principio activo de la marihuana, explica Pareja.

Es evidente, dice, que los endocanabinoides juegan un papel “fundamental” en la euforia del deportista, pero a su juicio es posible que el trabajo de Fuss le esté dando tanta importancia a estas sustancias que pierde la visión de conjunto. En su opinión, todos los trabajos publicados hasta ahora están empezando a destapar partes de un mismo proceso: el ejercicio produce un subidón de hormonas, estas provocan la segregación de endocanabinoides, estos entran en el cerebro y a su vez generan otros compuestos cuyo efecto es a largo plazo.

Un punto importante que resaltó el estudio es que el subidón del corredor y el del consumidor de marihuana no son comparables. “Cuando tomas marihuana inundas tu torrente sanguíneo con una cantidad muy grande de compuestos canabinoides”, explica Fuss.

Sin embargo, la segregación de endocanabinoides con el deporte es mucho más sutil. Esta diferencia de dosis explica en parte por qué a veces los compuestos de la marihuana producen ansiedad o paranoia, “algo que nadie ha sufrido por correr”, resalta Fuss. Ahora, dice, “me gustaría analizar la acción de estos compuestos en personas para averiguar por qué lo sienten y otras no”, concluye.