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Basta con entrar a cualquier juguetería para darse cuenta de que, aunque apenas es octubre, ya llegó la navidad.

Y lo más probable es que este año Santa tenga que ponerse tecnológico.

La fiebre por los drones también contagió a los pequeños de la casa. Por ejemplo, existe un modelo que puede volar hasta los 90 metros de altura.

Los drones comunes pueden provocar accidentes. Por eso, este juguete tiene hélices de plástico. Pero cumple con las funciones de un drone real.

Y para los más aventureros está el Crazy Cart: un carro que gira hasta 360 grados y alcanza velocidades de 25 kilómetros por hora.

Eso sí, debe usarse con la supervisión de un adulto.

Y si de mascotas se trata, el Miposaurio se lleva todas las miradas: este dinosaurio juega con una bola y sigue a su dueño. Aunque tiene poco sentido del humor y se pone un poco temperamental cuando le agarran la cola.

Otro ejemplo es un robot que se llama MIP. Puede ser muy útil cuando se trata de hacer mandados y evitar la fatiga.

Y si se antojó de alguno de los juguetes, todavía está a tiempo de hacerle la carta a Santa. Al fin y al cabo nunca hay que dejar morir al niño que llevamos dentro.