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En Afganistán, un país donde las mujeres no pueden volar una cometa, conducir, andar en bicicleta, ni jugar fútbol, resultaría difícil pensar que un deporte “urbano” es el más popular entre las jóvenes.

Pero así es. El skate, según lo relata un artículo de El Mundo, logró abrirse paso entre el género femenino, y todo por una razón: a nadie se le ocurrió crear leyes islámicas contra las patinetas.

Ese portillo permite que hombres y mujeres practiquen por igual las piruetas sobre la tabla y las ruedas. Pero este deporte no llegó a tierras afganas por rebote.

El responsable de llevarlo fue un australiano: Oliver Percovich. Este hombre llegó hasta Afganistán para empezar una nueva vida junto a su novia, pero sus planes se rompieron cuando esa relación terminó.

“En aquella época yo estaba buscando algún trabajo con el que salir adelante y, mientras tanto, me pasaba las horas en la calle patinando. A los niños les llamaba la atención el skate y me pedían sin cesar que les diese una vuelta”, dijo el skater a El Mundo.

Entonces, Perkovich organizó un lugar donde los niños pudieran practicar sobre las patinetas. “Para 2009 ya habíamos fundado la ONG y hoy contamos con 1.500 alumnos: 1.000 en Kabul y otros 500 en nuestra base del norte del país. La mitad son niños y la otra mitad, niñas”.

Esa organización se llama Skateistan y ya tiene ocho años. El australiano cuenta que desde el principio le dedicó más tiempo a entrenar a las niñas que a los niños, por eso con el paso del tiempo ellas eran mejores y vencían a los varones en los torneos que organizaban.

La popularidad del skate entre las jóvenes afganas no pasaría inadvertida y por eso en 2012 la fotógrafa Jessica Fulford-Dobson se intereró por “la parte colaborativa del proyecto”, viajó y retrató los rostros y las historias de aquel particular fenómeno.

Su trabajo dio origen a la exposición The Tale of Skateboarding in Afghanistan (La historia del Skateboarding en Afganistán).

Pero las cosas no han sido fáciles para Skateistan. “Cada tres meses organizamos campañas en las que vamos casa por casa convenciendo a las familias para que dejen inscribirse a sus hijas”, contó Perkovich, quien agrega que tienen “días para chicos y días para chicas”.

Finalmente y a pesar de los obstáculos, hoy el éxito de la organización es palpable. Skateistan ya llegó a Camboya y este año se instaló en Sudáfrica. Mientras que en Afganistán es el complejo deportivo más grande del país.

“Lo importante es no mostrar ningún rasgo de occidentalización. Las chicas patinan, pero no hay ni ropa de skate, ni vídeos de skate ni pósters en las paredes”, explicó el australiano.