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La próxima vez que vea un perro de la Unidad Canina del Ministerio de Seguridad Pública, no crea que el can está trabajando.

Para ellos rastrear vehículos en búsqueda de drogas, seguir el rastro de una persona o desaparecida o tratar de encontrar explosivos, son solo un juego, ya que los han enseñado de esta manera.

Según comentó Freddy Guillén, jefe de la unidad, a los canes se les enseña de esta manera para facilitar la labor. Además desmintió que los animales se hagan viciosos cuando trabajan en la búsqueda de drogas.

“El principio de utilizar el juego como parte de la recompensa de los perros es motivarlo, darle un incentivo”, explicó el instructor de la unidad, Alexander Carpio.

Carpio asegura que la relación con estos animales lo ha llevado a sensibilizarse y estar más abierto al juego, como lo ha notado cuando regresa a su casa.

Actualmente la Fuerza Pública cuenta con 50 canes dentro de la unidad, que trabajan en conjunto con las 86 personas que forman parte del grupo.

También hay seis perros siendo entrenados, por los siete instructores que forman parte del grupo.

Las labores de los perros son varias y de acuerdo con Freddy Guillén, jefe de la unidad, estos animales son de suma importancia, ya que trabajan en la detección de drogas, explosivos, armas, búsqueda de personas y búsqueda de restos humanos, entre otros.

Obligaciones

Los oficiales que trabajan en la Unidad Canina tienen una serie de obligaciones, únicas y especializadas dentro de la organización policial.

“Tienen que levantarse a las cinco o seis de la mañana, para limpiar los caniles y las necesidades de los perros”, señaló Guillén.

Además los oficiales deben encargarse de la alimentación de los animales y velar por la salud de sus compañeros.

Actualmente en la sede del grupo, en Patarrá de Desamparados, se labora en la construcción de nuevas perreras, para mejorar las condiciones del plantel.

Estos cuidados permiten que cada can trabaje aproximadamente 10 años para la Fuerza Pública, luego de lo cual pasan a vivir como perros civiles.

“Lo que se trata de buscar es alguna familia que adopte al can y que este llegue a hacer sus últimos días como un perro normal”, indicó Guillén.

En le Unidad se trabaja con perros de diversas razas.

Estos perros poco a poco comienzan a formar parte de la vida de los oficiales. Uno de ellos recuerda pasar año nuevo viendo el juego de pólvora con su can en la zona sur.

Otro recuerda dormir con su compañero durante varios días en el bosque de la cordillera de Talamanca, donde el perro lo despertaba cada mañana. Así van desgranándose las historias de esta unidad especializada.

“Es como trabajar con personas, con un nivel de honestidad muchísimo más alto”, acotó Carpio, antes de asegurar que aprenden a comunicarse con ellos.